El Reloy de Orsomarso

¡Bienvenidos de nuevo! Después de tomarme una semana libre de “deambular”, para descansar un poco, estoy listo para partir de nuevo.

La Riviera de los Cedros tiene una particularidad, en mi opinión, única: Puedes pasar de la playa a las montañas en poco tiempo.

De hecho, todo está muy cerca. Después de haber visitado muchos lugares de mar, decidí llevarlos, por fin, a la montaña.

Preparo la mochila de explorador, leo la última información y me pongo en marcha… Hacia Orsomarso.

Hacia Orsomarso

Éste es un maravilloso pueblo que se encuentra dentro del Parque Nacional del Pollino… Lo conocí porque recibió un importante premio llamado “100 Embajadores Nacionales“, gracias a las iniciativas de valorización del territorio puestas en marcha…

Cuando vayas a Orsomarso, tienes que tener cuidado de no distraerte por las maravillas que te rodean en el camino.

De hecho, mientras te adentras en el Parque del Pollino, tienes estas grandes montañas verdes que te dan la bienvenida y te guían hacia el pueblo.

Dejo mi coche en una pequeña plaza muy cuidada, donde hay una iglesia… pero en realidad una cosa llama mi atención al instante: Una roca altísima que se levanta, majestuosa, sobre los tejados de las casas.

“Quién sabe cuántas veces los habitantes de Orsomarso levantan la nariz para mirar la hora” pienso. Decido caminar hacia este reloj, quiero admirar la vista desde arriba.

Mientras sigo las indicaciones, encuentro en la calle a un anciano que, al verme asustado, decide venir conmigo al menos hasta la mitad del camino (¿será una subida fatigosa?).

Jovencito, estoy feliz de acompañarte a este lugar tan querido por nosotros, con la esperanza de que puedas contarlo de la mejor manera posible gracias también a las cosas que yo te diré”.

El anciano parte de sus orígenes, me cuenta cómo griegos y romanos se ocupaban especialmente por este lugar debido a su estratégica ubicación… ¡Esta era una de las principales vías de comunicación entre el Mar Jónico y el Mar Tirreno!

Sucesivamente, muchos pueblos han dominado esta tierra, con cambios de nombre, construcciones y demás. De la historia hablaremos, quizás, en otro artículo.

Subiendo a la Torre del Reloj

Subiendo hacia la Torre del Reloj, nos encontramos frente a unas escaleras, se comprende que nos llevan a la cima de la torre: nos vamos.

Entre un escalón y otros disfruto las historias del anciano señor con la mirada que se pierde mientras admiro los montes que me rodean…

El centro habitado de Orsomarso está cada vez más bajo mis narices. Esta espina de roca fue tan importante para la ciudad que recibió una especie de guardia militar, un castillo y un monasterio. Todavía se pueden ver los restos de estas construcciones mientras se recorren los escalones… No hace falta decir que, al escuchar todas estas historias, ¡mi curiosidad por llegar a la cima está creciendo.!

Llegamos a la mitad de la cuesta y el anciano, visiblemente fatigado porque además de subir también tuvo que hablar para contarme estas historias, vuelve atrás para evitar desagradables problemas… Mientras le doy las gracias me pide la cortesía de dejarles mi número de teléfono… Después de haberlo hecho le saludo y le doy las gracias de nuevo.

Paso debajo de lo que era, probablemente, la puerta de acceso a este monasterio o castillo, recorro los últimos escalones y me encuentro como en una pequeña plaza, con bancos y vegetación.

Me siento a descansar y me relajo escuchando el sonido del valle y del río Argentino que fluye.

Para ver el punto más alto, donde también está el reloj, tengo que subir otros 5-6 escalones.. Subo y me asombro de la vista que tengo delante…

¡Qué maravilla observar el centro habitado desde aquí arriba! Parece que todo se detiene, mágicamente, debajo de ti… Los tejados de las casas componen una magnífica “escenografía” que contrasta perfectamente con las montañas circundantes.

Ha valido la pena. Mi asombro se interrumpe por el sonido del teléfono sonando… me llama un número que no he guardado en la agenda.

“Hola, ¿quién habla?”

Jovencito, has llegado a la cima … ¡Te veo!”

Es el señor mayor que me mira desde la ventana de su casa.

Me llama porque quiere invitarme a cenar en su casa, promete platos típicos muy sabrosos y buen vino.

Nunca te lo he dicho, pero soy un buen tenedor, ¡así que acepto con mucho gusto!

¡HASTA EL PROXIMO VIAJE AMIGOS!

Un commento Aggiungi il tuo

  1. Labby ha detto:

    Foto fantastiche, ho già preso nota del luogo. Auguri Wolfgang

    "Mi piace"

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